Muchos consultan por abstinencia de psicofármacos.  Las benzodiacepinas son un problema de salud pública.

Eduardo Casanova / Médico de UCM / Extraído de El País Digital

La epidemiología del estrés y de las enfermedades vinculadas a la depresión y a la angustia han sido relacionadas con el estilo de vida moderna más intenso y competitivo, con menos tiempo disponible para el descanso. También un excesivo sedentarismo pudo influir en una falta de adecuada canalización fisiológica de la energía psíquica, con aumento de los niveles de estrés. Sin embargo existe otro fenómeno, no menos preocupante, que es la demanda y la oferta con la que responde la tecnología farmacológica desde mediados del siglo XX, aportando al mercado un creciente número de sustancias psico-activas. El consumo masivo y acelerado de psicofármacos tendió a hacerse abusivo escapando al control médico, y asociados al alcohol sobre todo en los jóvenes.

En Uruguay, (segunda mayor incidencia de suicidios de América), en 1999 se estimó que un 30% de las personas eran tratadas por depresión; el 7% de las consultas de emergencia del Hospital Maciel eran por abusos de psicofármacos. Muchas consultas domiciliarias están motivadas por la abstinencia de psicofármacos.

Entre los psicofármacos ansiolíticos-angustiolíticos se destacan, en todo el mundo, los derivados de las benzodiacepinas cuya automedicación y dependencia provocan desde el siglo pasado un problema en salud pública.

En la ciudad de Concepción, Chile, en la década de 1990 las benzodiacepinas se expedían en el 58% de los casos sin prescripción médica. En Santiago, sobre una prevalencia de consumo del 31,4% anual, en el 29% de los casos no existía aval médico y en el 60% tenía duración indefinida.

En España (Pontevedra), resultados similares mostraron además que en 78 casos de uso de drogas ilegales, 60 consumían antes benzodiacepinas. Se estima que eso está relacionado con un efecto similar, que tiene lugar en el cerebro para determinar la adicción. En ambos casos se produce una “impronta bioquímica a nivel neuronal”, que hace pasar de la dependencia a la adicción.

Dependencia o adicción.

La dependencia es la necesidad de consumir para calmar la angustia y otros síntomas dependientes de la abstinencia. La adicción es el deseo compulsivo por consumir, no controlado para la droga. La adicción crea alteraciones más graves de conducta, auto y heteroagresivas.

Benzodiacepinas en niños.

Preocupa el uso de psicofármacos en niños, al estimular a los padres a consultar por cuadros de inquietud y trastornos de conducta. Es posible que la entidad ADD (Attention déficit Disorder), pueda estar sobrediagnosticada y simplificada con el rápido uso de drogas.

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