Bipolaridad, depresión grave, manía.  Se distinguen tipos, grados y características clínicas

Eduardo Casanova / Médico de UCM

Desde la medicina hipocrática (siglo V a.C) se adjudicó a los estados de ánimo un vínculo biológico, por lo que aún se les reconoce como “estados de humor”, pues se les relacionaba con diferentes líquidos biológicos, fundamentalmente con la bilis.

La interpretación clásica se modificó con las teorías psicoanalíticas del siglo pasado, que atribuyeron más importancia a factores del medioambiente, sobre todo familiar y social. Sin embargo, en la actualidad las neurociencias retomaron el valor somático de otras sustancias biológicas, los neurotransmisores (la dopamina y serotonina), adjudicándoles un rol fundamental para modular los estados emocionales.

El síndrome maníaco-depresivo, o bipolar: a mediados del siglo pasado se comprobó la acción del litio sobre trastornos psíquicos emocionales, y en 1958 se describió más precisamente que esta sustancia poseía un efecto beneficioso para lo que se describió como síndrome maníaco-depresivo, que se caracterizaba por cambios desproporcionados (en intensidad y duración) de los estados de ánimo.

Según las neurociencias existiría en estos casos una alteración en defecto o exceso de las sustancias que intervienen en la transmisión de los impulsos nerviosos cerebrales. Ello explica que se alternen de modo cíclico, estados exagerados, eufóricos o maníacos, con depresivos.

Actualmente dicha alteración se conoce como síndrome bipolar, distinguiéndose un grado I y un grado II. Tienen en común episodios de depresión mayor, distinguiéndose por la intensidad de los episodios de euforia, que sólo en el trastorno bipolar grado I alcanza el nivel de manía, mientras que en el grado II se padece en un grado menor, reconocido como hipomanía. Dichos episodios en ambos tipos ocurren una o dos veces al año.

El trastorno ciclotímico, se caracteriza por cambios del estado anímico no tan pronunciados, pero más frecuentes, al menos durante dos años.

La manía

La manía implica un estado de excitación patológica que lleva a actitudes irascibles y agresivas, y a transgresiones de diverso tipo: en la sexualidad, en el consumo de alcohol, en la alimentación, en la conducción de automóviles y en el manejo de bienes económicos.

La depresión grave

Asociada a ideas de culpa y pérdida de autoestima, se expresa por pérdida de motivación e interés, indiferencia por las actividades realizadas; no se toman decisiones, puede comprometerse la vida laboral. Se pierde el apetito y se adelgaza. Puede haber intentos de autoeliminación.

Extracto de: El País Digital
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