Las prendas de lana evitan contacto con aire frío del lugar. Hay puntos corporales críticos: la cabeza y los pies.

Eduardo Casanova / Médico de UCM

La regulación térmica corporal pone en juego diversos mecanismos cuando el medio ambiente es demasiado frío.

La vasoconstricción cutánea, que deja al individuo pálido, es el primer recurso fisiológico. Así se consigue que disminuya la cantidad de sangre que irradia calor a través de la piel: es como si se cerrasen ventanas o esclusas por donde “se fuga” el calor.

El aire es un buen aislante térmico, por ello, el que queda “atrapado” entre la piel y la ropa, permite que la piel no se enfríe. En este sentido es importante contar también con el aire contenido en la propia vestimenta, por ejemplo en prendas de lana, que consiguen mantener una buena cantidad de aire entre sus fibras, evitando el contacto con el aire frío del entorno.

A la inversa sucede con el agua. Como buen conductor de calor, si la piel o las prendas que la recubren están húmedas o mojadas, se irradiará en mayor cantidad el calor corporal: mantenerse seco es imprescindible para evitar el enfriamiento.

Puede ocurrir que la temperatura no sea excesivamente baja, pero sin embargo la persona percibe más frío, gracias a otras variables, de las cuales la de mayor importancia es el viento.

Lo mismo que un ventilador en el verano, el movimiento de aire en contacto con la piel renueva la masa de aire del entorno que absorbe calor corporal. Este mecanismo de irradiación de calor, llamado por convección, es el que hace que sintamos más frío con el viento, aunque la temperatura sea la misma. Ello se puede evitar con vestimentas adecuadas, que proporcionen un verdadero aislamiento del medio ambiente. Por ejemplo las bufandas dificultan que se “cuele” el aire por el espacio de separación de las prendas (abrigos), y la piel (cuello). Si la bufanda cubre la boca multiplica el efecto al evitar que se inhale aire frío.

Hay algunos puntos corporales que son críticos. Aunque toda la piel irradia calor, hay puntos de su superficie que cuentan con mayor irrigación sanguínea, y por tanto irradian más calor.

Ello ocurre en el cuero cabelludo, sobre todo si se carece de la masa de cabellos que atrapan una masa de aire aislante. Es por este motivo, que si bien todos se benefician con el uso de gorras o sombreros, ello resulta más imprescindible para los calvos.

Los pies, por motivo opuesto, son críticos debido a la escasa irrigación sanguínea. Lo que se conoce como “pie de trinchera”, es la necrosis o destrucción de tejidos del pie en caso de padecer frío extremo.

Con el alcohol no entramos en calor.

Contrariamente a lo que se cree, el ingerir alcohol no es una buena medida para “entrar en calor”. Si bien el efecto vasodilatador de la piel proporciona una transitoria sensación de calor, ese mismo efecto llevará a una mayor disipación y pérdida de calor corporal.

Ambiente con aire cálido es lo ideal.

Mantenerse en una ambiente con aire cálido es la mejor manera de entrar en calor. Ese aire inspirado entra en contacto con la masa de capilares pulmonares, que son más abundantes que las de la piel, y a su nivel es más intenso y rápido el intercambio térmico por irradiación.

Extraído de: El País Digital

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